lunes, 14 de diciembre de 2015

18 DICIEMBRE, DÍA UNIVERSAL DE LAS PERSONAS MIGRANTES


LA BATALLA DE LOS NIÑOS ESPAÑOLES (Y III, DE MOMENTO)


Quedamos, en la anterior entrega de este folletín, en que, tras la Sentencia Ruiz Zambrano y un auténtico aluvión de sentencias de los tribunales españoles, aún la Administración española se mostró tan tacaña y miserable que el permiso que daban era de tan sólo un añito. Pero claro, nosotros, — ingenuos siempre, como hijos de la luz que no hemos aprendido aún a ser astutos como zorros y sí somos demasiado cándidos como palomas — , pensábamos, después de tantos años de pelea, que ¡bueno, pues tendrán que renovar al año! pero da igual, el niño seguirá estando ahí, no se puede denegar esa renovación, eso sería incumplir la Sentencia del TJUE y todo lo que hemos ganado, eso sería volver a empezar estúpidamente una batalla que ya han perdido… Y nos quedamos tan tranquilos, cayendo una vez más en el error de que la lógica tiene algún lugar en el Derecho de Extranjería.

LA BATALLA DE LOS NIÑOS ESPAÑOLES (II)


Apareció el Reglamento que tanto esperábamos. Tras ocho años  de paso por la oposición, proyectos de ley de extranjería con un PSOE a favor de una ley progresista (aunque con algunas propuestas en las que se les vió el plumero, como la prescripción especial) y su posicionamiento en contra de la contrarreforma que llevó adelante el PP en la legislatura anterior, la victoria de un joven Presidente Rodriguez Zapatero que retiraba las tropas de Irak, acometía proyectos ilusionantes… pensamos, ingenuos, que un nuevo Reglamento en el que además se hiciera realidad una regularización absolutamente necesaria tras el erial de los últimos años de Acebes en el Ministerio — ¡cómo manifestó su ignominia en sus últimas horas de poder! — , iba a suponer una tregua en esta larga guerra que venimos librando.

LA BATALLA DE LOS NIÑOS ESPAÑOLES (I)


Heme aquí, hecho todo un Anthony Beevor de la extranjería, dispuesto a narrar otra batalla – quizá sea más adecuado compararme al abuelo de la familia Cebolleta después de todo – de esta historia llena de héroes y villanos, de estrategias certeras o borregas, de engaños y traiciones, de encerronas, espionajes, armas, destrucciones, generales infames, dignos soldados, y víctimas, sobre todo víctimas.

Y es que la batalla que hoy voy a contar, batalla sin término conocido aun, la primera reflexión que provoca en los que la hemos luchado es su sinsentido, su absoluta falta de utilidad, más allá de lo anecdótico o simbólico. Preguntarnos por qué el enemigo se ha molestado en atacar por ese flanco, si no es para demostrar la enorme arrogancia que lo ensoberbece, su desprecio tan manifiesto a toda ley moral, a toda ética, que parece que su único objetivo ha sido precisamente demostrar que se cree por encima del bien y del mal, que está dispuesto a todo y a pisotear a todos, incluso a derrochar sus recursos, con tal de mantener una guerra de desgaste que cree que sólo él podrá ganar.