lunes, 16 de junio de 2014

Sin Caridad no hay Justicia

14.06.2014 | 04:15 Levante
Si realmente les preocupase Benicalap a ese grupo de vecinos, que llevan varios días protestando airadamente contra el centro que debe construir la Asociación Valenciana de Caridad en mi barrio natal, más les debería inquietarles reconocer que la pobreza y la exclusión social, el desempleo, la precariedad laboral, la indigencia y el dolor existen y merecen ser atendidos y resueltos de forma positiva e inmediata por las instituciones públicas y privadas.

Es un deber y un derecho humano vivir dignamente. Y no es un concepto o idea de un loco revolucionario trasnochado; es una norma que recogen nuestras leyes y los tratados internacionales suscritos por el gobierno de España.

Es obvio que ese grupo de vecinos insolidarios -que de forma oportunista y visceral protestan ahora-, desconocen el contenido de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de nuestra Constitución y de otros textos legislativos...

Se supone que todos nacemos para ser felices. Todos, absolutamente todos necesitamos tener las oportunidades y los medios materiales, espirituales adecuados, para llevar una existencia con un mínimo de dignidad, desde que nacemos hasta que dejamos este mundo.

Es una obviedad afirmar y reconocer la encomiable y meritoria labor que lleva tantos años desarrollando la Asociación Valenciana de Caridad; pero ahora más que nunca precisa del apoyo y respeto de todas las personas sensatas, de todos los colectivos cívicos que anhelamos y luchamos vivir en un mundo más justo, libre, solidario, fraternal.

Ya sabemos bien que Benicalap tiene muchos problemas, pero se han convertido en crónicos, gracias al comportamiento insolidario, irresponsable€ y a la pasividad, a la inercia de la inmensa mayoría de nuestros convecinos, obsesionados únicamente en consolidar sus privilegios personales, en mirarse el ombligo y esperar que otros les resuelva los problemas o levante la voz.

Nos quejamos verbal e irracionalmente mucho de los políticos, pero nuestros representantes son simples reflejos de nosotros mismos. No hemos querido o podido aprender a ser ciudadanos comprometidos, a ser vecinos activos y capaces de reflexionar y dialogar con otros vecinos y colectivos, a fin de consensuar respuestas eficientes a nuestras problemáticas. Y hay soluciones sencillas, pero exigen compromiso, respeto y sensibilidad por todas las partes, sin olvidar cultivar la tenacidad y la constancia.

Creo sinceramente que aislarse y negar la realidad diaria, ignorar la pobreza, el desempleo, la enfermedad, la exclusión, la miseria, la injusticia y todos los tipos de violencia€ es la mejor forma de acabar siendo víctima de lo mismo que condenan con tanta irracionalidad y furibundez ahora mismo algunos vecinos de Benicalap.

No seré yo quien recrimine a ese escaso número de ciudadanos, su falta de solidaridad y apoyo cuando otros vecinos y colectivos hemos denunciado hasta la saciedad y el hartazgo -como toca y cuando toca-, las carencias y problemáticas que llevamos sufriendo en nuestro barrio natal de Benicalap.

No voy a enumerar nuestras luchas y denuncias, pero los registros generales del Ayuntamiento y de la Generalitat dan fe de nuestra incansable labor en este último cuarto de siglo. Sobra, por tanto, cualquier comentario al respecto.

Pero sí quiero decir ahora algo con voz firme: negar el derecho a salir de la marginación, de la pobreza, del desempleo, de la indigencia€ a cualquiera de nuestros semejantes, es algo inasumible y mezquino en cualquier sociedad que se autoproclame moderna, libre, equilibrada, sana. Negar que se construya un centro en Benicalap, para paliar los numerosos síntomas que produce nuestra convulsa y caótica sociedad, es negarnos el derecho a ser personas, a ser humanos.

Mientras exista una persona que sufra, que sea condenada a la esclavitud o a la miseria, ninguno de nosotros podrá ser libre jamás. "La libertad debe ser para todos o para nadie", como bien decía Albert Camus en su "Hombre Rebelde"

No hace faltar afirmar ahora, ante ese coro de vecinos enfurecidos, que "la justicia social debe ser para todos o para nadie".

Estos comportamientos que emprenden desde hace unos días en una zona privilegiada de Benicalap, un grupúsculo vecinal, demuestran un síntoma muy grave y que nos afecta a todos. Cuando se pretende negar el derecho a la reinserción de nuestros semejantes en situación de exclusión... cuando se pretende evitar la construcción de un centro que ayude a paliar y combatir las consecuencias de la crisis económica, social, moral, asistencial... que todos padecemos de una manera directa o indirecta, es que hemos dejado de ser humanos y hemos pasado a ser algo parecido a una roca, a un trozo de carbón€

Mis convecinos parecen desconocer que en Valencia tenemos una virgen que se llama de los Desamparados. Es mucho más que una simple estatua que sale de procesión determinado día del año, entre vítores y zarandeos. Y lo dice alguien que ahora ya no es creyente, pero que siente un sincero y profundo respeto por aquellos que todavía se sienten integrados en el seno de una religión, que tienen fe en algún absoluto.

Aunque muchos no lo recuerden, Valencia fue pionera en la atención a los locos, menesterosos, enfermos, pobres ... todo ello gracias a la labor entusiasta de un sacerdote humilde y apasionado por la caridad, por la justicia, por lograr la felicidad de todas las criaturas de Dios. Por eso mismo, me resulta mucho más bochornoso que esos vecinos de mi barrio natal, no respeten (espero que por desconocimiento) la encomiable y titánica labor de Juan Gilaberto Jofré.

En nuestras labores como activistas cívicos, destinadas a la difusión del Patrimonio Cultural, solemos enseñar a propios y extraños, aquellos espacios urbanos donde el Padre Jofré exigía a los poderosos de Valencia, la necesidad de atender y cuidar a los desvalidos, a los enfermos, a las víctimas del infortunio.

También enseñamos la vivienda del gran humanista valenciano, Luis Vives, conocido por una obra donde da pautas para luchar eficientemente contra la pobreza y sus causas.

No voy a seguir dando ejemplos de grandes personalidades valencianas, que se han comprometido en cuerpo y alma, por lograr una sociedad más justa, libre, armónica, solidaria€ pero hay otros muchos nombres que, lamentablemente, han caído en el olvido.

Nuestros convecinos parecen no conocer que el futuro no ha sido escrito para nadie, y que cualquiera de nosotros puede ser víctima de la pobreza, el desempleo, la enfermedad.

Vecinos de Benicalap: nadie está libre del infortunio, pues todos, absolutamente todos somos seres humanos frágiles, vulnerables, sujetos a las imprevistas embestidas del destino, un destino que no podemos controlar ni dirigir.

Sinceramente desconozco si los vecinos que protestan son cristianos o profesan alguna religión, pero al menos deberían mostrar un poco de humanidad con aquellos que no tienen sus mismas oportunidades y son presas del desamparo.

Y tampoco quiero recordar ciertas reflexiones, efectuadas en su día por San Agustín de Hipona, pero si quiero finalizar con una breve frase que me sirve de bandera en estos momentos de aciaga y absurda protesta: "Sin caridad no hay justicia".

Por cierto: que dirían hoy mis venerados Padre Jofré y Luis Vives, al ver a un grupo iracundo de vecinos protestar contra la digna y ejemplar labor integradora de la Asociación Valenciana de Caridad, en un barrio como Benicalap, que cuenta con unas disparatadas y alarmantes tasas de desempleo, de personas víctima de la exclusión, los desahucios, la precariedad.

Es triste comprobar como hoy en día ya no están de moda los Derechos Humanos, la caridad, la solidaridad, la justicia.

1 comentario:

  1. El Sr. Marín no debería dejar de tomar la medicación que tiene prescrita. Los que trabajamos en el Hospital General estamos al tanto de su frágil salud mental y su bipolaridad.

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