jueves, 29 de enero de 2015

LA MARINA VARADA



















Julio Monreal. Levante. 28-1-15

Es falso que el puerto haya cedido nada a la ciudad de Valencia. No quiere hoteles, ni viviendas, ni zonas verdes en las áreas limítrofes. Y sólo se hace lo que ellos deciden.

A pesar de las escenificaciones pasadas, presentes y futuras sobre la cesión de la dársena interior a la ciudad de Valencia, es el puerto el que manda y mandará en todas las decisiones que se planifican. La pomposamente llamada Marina Real Juan Carlos I no arranca porque el puerto, una empresa propiedad del Gobierno de España que está presidida por quien decide, a dedo, el presidente de la Generalitat, no hace más que poner palos en sus ruedas. Ahora resulta que no quieren usos terciarios ni residenciales en las zonas fronterizas, que son todas, porque el puerto es grande pero tampoco es Nueva York. Ni hotel, ni viviendas, ni zonas verdes en las áreas limítrofes de Moiresa y Benimar, junto a Nazaret... ¿Qué quieren los señores? Carreteras, autovías y puentes para comunicar su sur y su norte, y crecer hasta Mallorca, como en aquella canción de Los Mismos. Aún no se ha cumplido ni la mitad del convenio de relaciones bilaterales puerto-ciudad de 1986, pero los de los barcos siempre ganan y los de los malecones siempre miran. 

Ahora han dejado que se instale una noria. No está mal como primer paso hacia una dársena de horchaterías y puestos de nubes de azúcar, que era lo que siempre se quiso evitar. Las naves del centro de formación de Juan Roig en que se están convirtiendo las que fueron bases de equipos de la Copa del América están muy bien, pero sólo llevarán vida al que iba a ser «un barrio más de Valencia» de 9 de la mañana a 5 de la tarde, como cantaba Dolly Parton. Si no hay nuevos usos, no habrá más vida que el ruido de las grúas moviendo contenedores, el único que quiere el puerto, que es el que manda. Nada de turistas y trasiego hotelero; nada de viviendas ni otros estorbos. Vallas, muros, policía portuaria, controles... Uno no se explica cómo permitieron Rafael Aznar y los suyos que la Fórmula 1 penetrara en su clausura. Visto cómo defienden la fortaleza, debieron poner alto el listón.

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