lunes, 30 de noviembre de 2015

NAZARET CONTRA SU ESTIGMA

 Moisés Pérez, El Diario, 29/11/2015


El desempleo, la incomunicación y el fracaso escolar son los retos del barrio marítimo más al sur de Valencia. Estigmatizado por los impulsores del urbanismo salvaje, aún persisten los coletazos de las actividades al margen de ley inducidas por la especulación del ladrillo


Nazaret inaugura un serial de reportajes sobre los barrios más olvidados y degradados por la gestión de la exalcaldesa Rita Barberá más allá de El Cabanyal y que reclaman la atención del nuevo gobierno municipal. Es la ciudad olvidada.

Calle de Francisco de Paula de Nazaret con la grúas del puerto al fondo




Mientras los focos se centraban en los derribos, las excavadoras amenazantes y en los vecinos desalojados por la fuerza en el barrio de El Cabanyal, otros barrios de Valencia eran relegados al silencio por los gobernantes. Situados a la periferia de una ciudad diseñada demasiadas veces en consonancia con los señores del ladrillo, constituyen la ciudad olvidada.

Sin negar la degradación que padeció durante años El Cabanyal por los intentos de prolongar la avenida de Blasco Ibañez hasta al mar y así partir el barrio en dos, hay otros barrios que reclaman la atención. Que necesitan que sus demandas sean atendidas, para que el esfuerzo de los vecinos ante la dejadez de las anteriores autoridades locales no quede en vano.
Uno de los barrios más estigmatizado, sobre el que más perjuicios falsos se han creado en el imaginario colectivo es Nazaret. Atenazado por el expansionsimo del puerto, el antiguo poblado de pescadores de Valencia fue degradado durante años por no plegarse a las intenciones que la exalcaldesa de Valencia, Rita Barberá, planteó para esa zona del cap i casal. Tras años de lucha diaria de su gente -resida o no allí- y gracias a un asociacionismo en ebullición desde la transición, ahora busca desquitarse de su estigma. Y todo, mientras, como en otros barrios situados a la periferia, intenta superar sus retos actuales: el elevado desempleo, el fracaso escolar y la incomunicación respecto al núcleo de la urbe.

“Degradado por la especulación”

El origen de Nazaret se remonta a 1720, año en que las autoridades trasladaron el lazareto -lugar donde se aislaba a los que tenían enfermedades contagiosas- desde Montolivete a donde se asienta ahora el barrio. Después se reconvirtió en un poblado de pescadores y trabajadores del Puerto de Valencia por su cercanía al mar y a dicha instalación. En 1877, se unió al término municipal de Valencia. Pese a sus orígenes, se convirtió durante mucho tiempo en un barrio atractivo para cierta burguesía local que iba a su playa. Sin embargo, su suerte cambió cuando en 1986 debido a la expansión del puerto se les arrebato la playa, pese a la fuerte contestación vecinal. 
“El gran drama del barrio fue quitarle el mar”, indica Esteban Murillo, coordinador del colectivo Arca de Noé. Un ocupación que conllevó que el barrio se convirtiera en un isla, rodeado por una red plagada de infraestructuras, y que para acceder a su interior se tiene que cruzar algún puente. “El barrió se quedó completamente aislado”, señala Julio Moltó, portavoz de la Asociación de Vecinos de Nazaret. El acuerdo para que los muelles del puerto ocuparan el agua, las casetas y la arena del barrio tenía contraprestaciones en inversiones. Pero nunca llegaron. 
Sin embargo, el crecimiento del Puerto se quiso incrementar aún más. Y con ello, el barrio marítimo se vio amenazado. “Debido a las intenciones de la entonces nueva alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, nos convertimos en un barrio a extinguir tal y como dijo Unión Valenciana (UV), socio de gobierno del PP en el Ayuntamiento de Valencia”, relata Moltó. “[Vicente González] Lizondo [líder de UV] propuso trasladar el barrio más arriba hacía la zona de Les Moreres para que el puerto pudiera ampliarse”, cuenta José Antonio Barba, presidente de la asociación vecinal Nazaret Unido.
“Detrás de esa jugada del puerto, había una operación de especulación urbanística. Pero, al ver que no podían hacerse con la suya, empezaron a asfixiar al barrio”, afirma Moltó. De hecho, a partir de la década de 1990 el barrio vivió sus peores momentos. Las 100 'casitas de papel' que habían sido construidas en 1950 como refugio ante las inundaciones, fueron ocupadas por personas de etnia gitana, lo que conllevó complejidades de coexistencia vecinal.
Durante esos años, además, se derivaron a Nazaret buena parte de las actividades ilícitas que anteriormente se situaban en otras zonas de la ciudad, como el narcotráfico o la prostitución. “Fue inducido, favorecido y permitido por los gobernantes”, critica Moltó. A eso, se sumó que el cauce del río que baña el barrio por la parte norte se convirtió en un desagüe y que la huerta protegida situada alrededor -especialmente en La Punta- fue teñida de cemento por el asentamiento de la Zona de Actuaciones Logísticas (ZAL) del Puerto. “La vulnerabilidad social y la degradación urbana fue por acción, obra u omisión de los gobiernos locales, autonómicos y estatales”, afirmó Josepa Cucó, catedrática de Antropologia Social de la Universidad de Valencia, en una conferencia en 2014 sobre los poblados marítimos de Valencia.
Protesta de los vecinos en la calle de Alta del Mar, primera calle peatonal impulsada por el primer Ayuntamiento democrático
Protesta de los vecinos en la calle de Alta del Mar, primera calle peatonal impulsada por el primer Ayuntamiento democrático
La degradación de varias zonas, la concentración superior respecto a otros distritos de Valencia de gente inmigrante (un 19,3% en 2012 cuando en la ciudad representa el 14,8% del total), los estertores de la burbuja inmobiliaria que dejaron un PAI fallido -que suponía una esperanza para Nazaret al devolverle la playa, aunque de forma artificial- y la construcción del circuito de la Fórmula 1 ayudaron a hacer más vulnerable el barrio. Más cuando en el 2004 se urbanizó el cauce del río sin adecentarlo, hecho que provocó inundaciones. Pese a todo, gracias al movimiento vecinal se han complementaron obras de alcantarillado, se derribaron las 'casitas de papel' y se legalizaron los terrenos sobre los que se asienta el barrio.

Alejado de los estereotipos

Los retos a los que se enfrenta Nazaret ya no tienen que ver con los problemas registrados a principios de siglo. De la prostitución y del tráfico de drogas, solo quedan pequeños coletazos equiparables a otras zonas olvidadas. Y la inseguridad es un prejuicio falso que se mantiene sobre el imaginario. “El estigma ya no es el que era. Es un barrio asimilable a otros de la periferia, donde vino mucha gente con pocos recursos porque la vivienda era más barata”, apunta Murillo.
“El principal drama del barrio, como en muchos otros, es la severa exclusión social que padece”, comenta. “El empobrecimiento al que ha sido sometido el barrio y el alto desempleo son sus principales problemas”, asegura Moltó. De ahí, que haya datos preocupantes como que la población con estudios superiores sea solo del 4,3% cuando la media de la ciudad se sitúa en el 19,3%, según datos de 2012. La tasa de analfabetismo, residual en la ciudad, en Nazaret está -según el texto citado de Cucó- muy por encima de la registrada en Valencia. Y la población mayor de 65 años se situaba en 2012 en 5 puntos por encima de la media del cap i casal, según los mismos datos. Hecho que incrementa la vulnerabilidad de un barrio.
La existencia de una mayor población inmigrante o de diferentes razas añade complejidad a la hora de que el barrio no se seccione. “No se suelen mezclar mucho. Por suerte, los niños que nosotros ayudamos en el Arca de Noé aún no tienen esos estereotipos. Puede ser una oportunidad para romperlos”, expresa Murillo. Los tres colegios que hay en el barrio son TAES, unos centros de carácter especial. Asimismo, cuenta con dos centros de secundaria concertados y de tinte religioso, pero no hay ninguno público.
“Medidas como el bono social ayudan a conectar la gente del barrio con la ciudad”, comentan las personas consultadas para este reportaje. Asimismo, desde la Asociación de Vecinos de Nazaret han elaborado un decálogo que de llevarse a cabo eliminaría la incomunicación respecto al núcleo de la urbe que padece Nazaret. El retorno de la línea 3 de la EMT, terminar la línea T2 del metro-tranvía, alejar el Puerto del barrio, mejorar la accesibilidad petaonal y de la bicicleta, recuperar espacios como el circuito de la F-1 para uso ciudadano o el soterramiento de las vías del tren son algunas de las reivindicaciones más destacadas para terminar con ese problema. “El barrio debe incorporarse a la ciudad”, reclama Murillo.
Para él, además, se debe fomentar las oportunidades educativas de los niños y se debe impulsar “de verdad” medidas que ayuden a la formación socio-laboral. “Debemos frenar el absentismo escolar, dar oportunidades reales a la gente”, pide. De hecho, desde el colectivo que coordina se encargan de complementar la formación que se les da a los niños en la escuela; de fomentar la formación socio-laboral, buscando que la gente incremente su capacitación laboral; y de servir de apoyo a la hora de preparara la burocracia que se exige para determinados trámites. También realizan programas de convivencia vecinal a través de actividades de carácter, especialmente, cultural. Por este trabajo, han recibido varios premios y galardones.

Dinamismo cultural y asociativo

“Es uno de los barrios con más presencia asociativa y cultural”, afirma Moltó. Precisamente, la asociación de vecinos de la cual es portavoz fue una de las primeras en crearse tras la caída de la dictadura fascista de Francisco Franco. Nacida en 1976, su oposición a varios proyectos ha evitado que la situación de Nazaret fuera a peor. Y ha conseguido que el barrio cuente con un centro de salud, uno de los polideportivos más grandes de la ciudad, una biblioteca grande, un centro de día, entre otras instalaciones destacadas.
Un asociación que también desempeñó un papel clave en la plataforma vecinal que integra a todos los barrios que componen los poblados marítimos de Valencia. Y que han sufrido en mayor medida la concentración de grandes eventos que generaban gentrificación -actuación urbana que reemplaza a gente de pocos recursos por personas de mayor capacidad adquisitiva- en algunas partes del distrito como la Copa América y la F-1, la avaricia del urbanismo salvaje -ligado muchas veces a la propia expansión del Puerto- y un déficit de inversión creciente.
En Nazaret hay dos fallas y gozan de un Centro de Música y Danza, que cuenta con una banda de música, coral y escuela de música. Asimismo, existen multitud de celebraciones y fiestas, que conllevan una destacado dinamismo cultural.
Una ebullición que se convierte en el mejor antídoto frente al estigma que aún arrastra el barrio. La degradación favorecida y la compañía complicada con el Puerto le reservó consecuencias fatales. Pero, la tenacidad de sus vecinos ha logrado que se resista y con ello se ha abierto el camino para romper con los prejuicios instalados. Y así, reclamar su sitio en Valencia.
El nuevo tripartito municipal -formado por Compromís, PSPV-PSOE y València en Comú- debe atender los problemas graves que arrastra el barrio. Como los que tienen muchos otros barrios de una ciudad olvidada. Deben convertirse en prioridad para evitar una ciudad dual. De lo contrario, reducir la brecha existente entre los 87 barrios que integran Valencia puede resultar muy difícil.

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