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lunes, 19 de noviembre de 2018

60 AÑOS DEL MORTÍFERO DESBORDAMIENTO DEL TURIA


Ignacio Zafra  20 NOV 2017  El País
En octubre de 1957 el desbordamiento del Turia a su paso por Valencia causó 81 muertos e inmensos daños materiales. La riada dio lugar a una obra faraónica que con los actuales parámetros ambientales difícilmente se repetiría: el desvío del lecho del río para evitar nuevas inundaciones. Una infraestructura que la Administración franquista construyó sin concesiones a la estética ni al paisaje. Sesenta años después, la ciudad ha crecido hasta tocar el nuevo cauce. Ayuntamiento, Generalitat y urbanistas piden transformar ese enorme espacio de dos millones de metros cuadrados en un corredor verde que sea compatible con el fin para el que fue creado. Una solución similar a la que se adoptó en el antiguo cauce, desecado tras la riada y transformado en jardín con la llegada de la democracia. La Confederación Hidrográfica del Júcar, advierte, sin embargo, de que un proyecto de tales características entrañaría grandes dificultades.

Las lluvias que durante dos días de 1957 barrieron el curso alto, medio y bajo del Turia fueron extraordinarias incluso para los parámetros de las precipitaciones torrenciales que casi todos los años azotan Valencia al acabar el verano. “Desde aquel año no ha vuelto a haber en la cuenca del Turia lluvias similares, ni siquiera aproximadas”, indica José Ángel Núñez, jefe de Climatología en Valencia de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). La gigantesca estructura de paredes de hormigón y suelo de tierra fue diseñada con una capacidad hidráulica de 5.000 metros cúbicos de agua por segundo. Desde que se inauguró, la mayor avenida registrada ha alcanzado una cuarta parte de esa capacidad: los 1.250 metros cúbicos por segundo que acogió en 1967, según los datos de la Confederación Hidrográfica del Júcar. En Valencia luce el sol (o al menos, no llueve) 291 días al año de media.

Núñez señala que nadie debería confiarse: “Es prácticamente seguro que un fenómeno meteorológico que ha ocurrido una vez volverá a repetirse. Lo que no sabemos es si será este año, dentro de 10 o de 100”. Pero añade que los sistemas de predicción y alerta meteorológica e hidrográfica son hoy incomparablemente más eficaces que en los años cincuenta, cuando una descomunal crecida del Turia iniciada en Cuenca pudo llegar al día siguiente a Valencia sin que casi nadie la esperase en la ciudad.

Los urbanistas consultados subrayan que cualquier uso que se dé al nuevo cauce debe respetar su función original de encauzar avenidas extraordinarias. Pero creen que aun así ofrece grandes posibilidades. “Lo lógico es que se convierta en un corredor de fauna y flora. Hay quien se extraña de que siendo un lecho, puedan plantarse árboles, pero se puede. Si viniera una riada y hubiera que replantar, tampoco pasaría nada. Desde el punto de vista de la metrópolis sería muy funcional”, afirma el arquitecto Carles Dolç.

“Cada día está más asumido el urbanismo del mientras tanto; actuaciones que sin hipotecar el futuro resuelven problemas inmediatos. No sé qué debe hacerse en el nuevo cauce, pero hay un gran espacio de titularidad pública disponible en el que caben muchas cosas. Lo primero sería realizar un estudio integral de usos”, añade el urbanista y arquitecto Rafael Rivera.

Las Administraciones tienen visiones diferentes. El Ayuntamiento y la Generalitat son partidarios de adaptar “a medio plazo la obra a las exigencias ambientales y de paisaje actuales, con actuaciones que faciliten funciones de corredor ecológico y de uso lúdico, como itinerarios ciclistas y de viandantes”, señala Lluís Ferrando, director general de Ordenación de Territorio de la Generalitat. El tramo final, el único que siempre tiene agua, procedente del mar, debería hacerse “compatible con deportes náuticos como el piragüismo y la pesca”, afirma Ferrando.

El nuevo cauce está enclavado en el término de Valencia. Y linda con dos de los principales parques naturales de la Comunidad Valenciana —el fluvial del Turia y L’Albufera—. Pero forma parte del dominio público hidráulico, lo que lo convierte en competencia de la Confederación Hidrográfica del Júcar. El organismo dependiente del Ministerio de Medio Ambiente observa, de momento, sobre todo inconvenientes en la idea. “No se podría garantizar la seguridad de las personas potencialmente usuarias de instalaciones dentro del cauce”, señala una portavoz. “Ni sería asumible la construcción de un número indeterminado de salidas de emergencia, algo que podría comprometer la funcionalidad primordial del encauzamiento”.

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